lunes, 1 de junio de 2009

Escatología de Swann (Libro 1: Parte 3)

El destino tiene muchos cómplices. Aquella vez, el tiempo fue el indicado.

Era medianoche. Los tres hombres que siguieron y asesinaron a Bernard se habían detenido a descansar cerca del camino. Ayrton era el más viejo de ellos y por ende, era también el líder del grupo. Inspeccionó con detenimiento su viejo puñal; aún había manchas de sangre en éste, pero no iba a limpiarlas. Desde el primer hombre que mató hasta aquel día, nunca borró las huellas de sangre; y es que tenía un lema: “Mata y lleva la marca de los que has asesinado; no como un trofeo, sino como un recordatorio de tus pecados”; decía eso y lo cumplía. Regresó el arma al estuche que colgaba de su cinto y se sentó a recordar.

Había pasado diez años desde que atacaron la Iglesia donde ejercía de sacerdote. Fue un domingo. Un fatídico día en el que, mientras dictaba la misa, un grupo de delincuentes entraron a robar. Ayrton los encaró ordenándoles que se fueran, pero entre todos lo agarraron y golpearon; las personas que intentaron ayudarle fueron abatidas a disparos. No tuvieron piedad ni por las mujeres y niños. Cuando vio que era imposible hacerlos entender por palabras algo dentro de él murió, lo supo con certeza al momento de tomar el cuchillo que uno de los ladrones llevaba en su pierna. Hubo confusión, llantos, fuego, y de entre todo eso, Ayrton emergió triunfante, pero no indemne. Acababa de elegir un camino que no tenía vuelta atrás. Los ladrones que sobrevivieron huyeron. Luego del incidente, se vio obligado a abandonar el pueblo de Oldgrass.

La noche que debía de partir, alguien fue a verlo. No sabía quien era, pero le dijo que tenía una propuesta para él, y aceptó. Conoció entonces un mundo nuevo, algo más allá de lo que cualquier hombre podría soñar o imaginar. Dejó el hábito y vistió el uniforme del ejército. Los entrenamientos fueron duros, pero él se exigió más. La esperanza le ayudaba a mantenerse de pie y seguir avanzando. Ahora era más fuerte y decidido, pero a cambio perdió algo en su corazón. Aún tenía en su recuerdo la mirada de Bernard al verlo otra vez, pero ahora como su verdugo, no como un sacerdote.

De vuelta a la realidad, Ayrton vio a sus compañeros que se habían sentado junto con él. Eran dos chicos jóvenes, demasiado jóvenes como para entender los problemas del mundo; sin embargo, tenían la edad suficiente para hacerles portar armas y eso bastaba. La forma en que hablaban y reían reflejaba su incredulidad, inmadurez e indeferencia por el hombre que acababa de morir. Temía por ellos. Temía que en cualquier momento pudiesen dar un mal paso y perder la vida; es por eso que aceptó ir en esta misión. Recuperar o no el catalizador no le importaba a Ayrton. Solo quería regresar vivo. Ordenó retomar la caminata.


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Siguieron avanzando. El camino se hacía estrecho. De pronto a lo lejos se formó una figura: era una construcción, una casa para ser exactos. El momento había llegado.

Se acercaron lo más que pudieron. Escuchaban ruido dentro de la casa. Los muchachos verificaron las municiones de sus armas y las cargaron. Ayrton extrajo el puñal de su bolsillo y una pequeña esfera plateada.

-Muy bien.- dijo con seriedad. – Ustedes dos entraran después de mí. Asegúrense de no perder de vista el objetivo.
-¿No sería más fácil matarlo?
-De ninguna manera. Si seguimos así llamaremos la atención de la gente y no queremos eso. Además no tenemos tiempo.
- ¿Y si está armado o intenta atacarnos?
- Entonces tendrán que hacer lo que deban hacer.

Ajustaron sus trajes y se colocaron unos cascos. La lectura del visor no detectaba nada fuera de lo normal. Con los preparativos ya hechos. Ayrton cerró su puño y con fuerza lanzó la esfera de metal hacia la ventana más cerca. Hubo una explosión y el ruido de la ventana romperse.
Se deslizó y de un salto entró por entre los escombros. Los otros dos lo siguieron detrás. Desde fuera se oían forcejeos y sonido de cosas romperse.

Entonces en lo alto, la luna sonrió y se ocultó detrás de las nubes, mientras gotas de lluvia comenzaron a caer poco a poco seguidos de rayos y relámpagos. El destino lo había vuelto a hacer. La misión había fracasado.

En el interior de la casa continuaron los gritos de desesperación, pero no provenían de Swann…

domingo, 17 de mayo de 2009

Escatologia de Swann (Libro 1:Parte II)

Aquella oscuridad que la noche nos trae es ajena, tanto para mí como para los habitantes de Oldgrass. Bajo su sombra, en el viejo camino de piedra que recorría la villa, un cartero llamado Bernard se había parado a descansar, exhausto después de un arduo día de trabajo.

Ese día había realizado varias entregas, más de lo habitual; la última fueron dos paquetes al joven Swann Riley que vivía en una de las casas más alejadas de la villa; por ello, el camino de regreso era largo y tedioso; sin embargo, eso no le molestaba a Bernard.
Acaba de retomar el paso cuando escuchó unos pasos detrás de él. Rápidamente volteó, pero no había nadie. “¡Quién anda ahí!”- gritó. No hubo respuesta. El mismo se sorprendió el haber preguntado tal cosa. No era que tuviese miedo, pero sentía como si algo estuviera mal…como si lo observaran… Trató de convencerse que solo era su imaginación. “No fue nada. Tal vez solo el viento.”, pero ni él mismo estaba seguro: la noche ocultaba demasiado con su negrura. Bernard continuó su camino. Esta vez más rápido. Algo iba tras de él…

Pasó más de una media hora, y aquellos pasos que golpeaban como metal el suelo perseguían a Bernard. No tuvo otra elección. Si lo seguían hasta su casa, podía poner el peligro a su familia. Armándose de valor, respiró y corrió en dirección al campo, alejándose del camino y de sus perseguidores “invisibles”.

Recorrió un buen tramo de distancia, lo suficiente como para haberlos perdido. Detrás de un arbusto se sentó a descansar. Su corazón palpitaba aceleradamente. Por primera vez, sintió un miedo terrible; tanto por él como su esposa y sus hijos. Se preguntaba si estarían bien o si se preocuparían por su retraso, cuando de pronto alguien lo golpeó por detrás en la cabeza. Cayó al suelo boca abajo. Intentó escaparse, pero estaba muy aturdido. Tres hombres lo sujetaron fuertemente.


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Swann, aún dudando, abrió el segundo paquete que recibió; en el interior había una carta y debajo de ella una porción de metal cúbica con “misteriosas” incrustaciones. Su atención se dirigió al pequeño sobre blanco. Tal vez ahí encontraría quién era el que le había tales cosas. Acertó.


Estimado Sr.Riley:

Han pasado varios años desde que nos conocimos por última vez en el Simposio de Ingenieros en Oldgrass. La razón por la que le envió esta carta es porque lo considero como el más apto para continuar con nuestros asuntos. Antes que nada, le explicaré lo que ha pasado.
Desde hace unos meses hemos estado investigando sobre la desaparición y muerte de uno de nuestros colegas en las Islas del Oriente. Al comienzo no teníamos ni idea de lo que podría haber ocurrido, pero ahora sabemos que era algo importante. Al parecer hace dos años, Edmond (ese era el nombre de nuestro compañero), fue testigo de un evento inusual en las islas del Oriente. No sabemos con exactitud qué fue; solo encontramos en un documento que él mismo escribió que las olas y las nubes parecían “juntarse” de alguna manera y formar algo brillante que atraía todo a su interior con una extraña fuerza. Sea cual fuese el caso, o cómo pudo haber escapado a semejante cosa, Edmond investigó casos relacionados como el que vio; incluso halló aquellos documentos que le estamos enviando. No sabemos con exactitud de dónde los encontró, pero lo más sorprendente fue un objeto metálico. Lo descubrimos tres días después de su desaparición. Al parecer ni él mismo sabía que era. Lamentablemente nosotros tampoco lo sabemos.

Fue entonces que comenzamos la investigación que le mencionamos. Días después fue hallado muerto y empezamos a recibir mensajes amenazadores. No tenemos ni idea de cómo lograron descubrirnos, pero es cuestión de tiempo antes que nos encuentren.

Lamento mucho haberlo puesto en esta situación, pero fue el único a quien podía acudir. Estoy seguro que con su destreza, podrá poner fin a todo esto y descubrir lo que le ocurrió a Edmond; después de todo, fue el mejor alumno que tuve.

Muy buena suerte,
Su amigo,
Ing. Ethan Wagner Mallard



Swann dobló la carta y la metió de vuelta al sobre. Sonrió. Muchos recuerdos volvieron a su mente de aquellos días en que conocía a Wagner. Habían pasado años desde que no había oído su nombre. Su sonrisa se apagó casi de inmediato. Swann volvió a dirigir su mirada al trozo de metal dentro del paquete. Esta vez estaba decidido a averiguar qué ocurrió.


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El cuerpo muerto de Bernard era arrastrado por el suelo. Los tres hombres que lo habían seguido vestían túnicas negras que cubrían sus rostros y los hacían casi invisibles en la oscuridad. Tras avanzar unos metros del lugar del crimen, arrojaron sin piedad el cuerpo. La insignia de plata que Bernard llevaba estaba cubierta de sangre. Uno de los hombres llevó su muñeca a la altura de su boca. Con una voz lóbrega, profunda y metálica habló: “Hemos encontrado al sujeto, pero al parecer ya hizo la entrega. Tenemos la lista de los envíos que ha realizado el cartero este día. Iniciaremos de inmediato la búsqueda del “catalizador”, y nos encargaremos de quien lo tenga.”

Los hombres volvieron al camino de piedra que cruzaba Oldgrass y siguieron su ruta, mientras las nubes daban señas de que se avecinaba una tormenta.

sábado, 9 de mayo de 2009

Escatología de Sawnn(Libro 1: Parte I)

Swann era una de esas tantas mentes brillantes que habían nacido en esta época maldita y confusa; debido a eso, su ejecución estaba próxima. No obstante; a pesar de ello, en la oscuridad de su celda húmeda y solitaria, con total calma planeaba su escape.


Fue seis meses atrás, en una pequeña casa de la villa Oldgrass donde todo comenzó.

Swann realizaba su usual rutina de lectura. Estaba sentado en el viejo sillón ubicado al centro de su estudio. No se había asomado en todo el día afuera de su casa; así que no sabía cuanto tiempo pasó antes de que llamaran a la puerta. Dejó el libro junto a una pila de documentos, el título decía: “Avances y desarrollo de la manufactura de trenes”. Salió de la habitación y se dirigió lentamente a la puerta principal. Volvieron a tocar la puerta por segunda vez antes de que abriera.

- Buenas tardes. ¿es el señor Riley Sosswisk?-.
Un hombre de mediana edad, estaba parado frente a él. Tenía un bigote prominente y su voz emanaba el hedor de la ciudad; a la altura de su pecho llevaba una insignia de plata. Swann asintió con la cabeza.

- Traigo unos paquetes para usted. ¿Sería amable de firmar aquí?-. Le alcanzó un formulario y un lápiz. En la última línea escribió su nombre. El señor confirmó la firma, extrajo dos cajas de su bolso y se los entregó.

- Eso es todo, gracias por su tiempo.- dicho esto se retiró.

Swann volvió a su estudio y colocó los paquetes sobre una mesa. Cogió uno de ellos. Estaba forrado de una forma descuidada como si quien lo envolvió hubiese estado muy apurado. Removió el papel que lo cubría y en su interior halló una caja. Hasta ahora todo iba normal, un paquete como cualquier otro, sin nada de extraordinario. Entonces al ver dentro y encontrar aquellos libros y documentos antiguos y prohibidos quedó fuera de sí. Apresuradamente cerró la caja y por inercia miró a ambos lados. Con temor se aseguró de que no hubiera nadie cerca. Sabía que lo que acababa de ver era algo que no debía tener ni él, ni ninguna otra persona. Los riesgos de hurgar en el interior de aquellos escritos eran grandes, lo sabía por experiencia: muchos de sus colegas que tuvieron alguna vez los mismos documentos estaban ahora desaparecidos o muertos.

Armándose de valor tomó la caja de nuevo y la abrió lentamente. Extrajo al azar un fajo de hojas y las examinó con detenimiento. Había en la parte superior escrita una fecha, supo de inmediato que sus manos sostenían una reliquia de la era pasada de la humanidad. Como investigador que era, Swann había pasado la mayor parte de su vida leyendo, escribiendo, diseñando y descubriendo cosas pequeñas, como puentes y trenes; sin embargo, todo ello se opacaba ante su nuevo gran descubrimiento. El título de las hojas era claro por su tamaño distintivo y decía: “New York Times…September, 13, 2013 - February, 19, 2014”. Nervioso y emocionado comenzó a leer.

“…Una semana ha pasado desde que el efecto del NoGravitation y las Tormentas-E afectaran la vida de millones de personas a lo largo que todo el mundo. Pero a pesar de la magnitud del daño nadie puede dar información exacta sobre qué son exactamente o de dónde surgieron. Los problemas con los aparatos eléctricos e informáticos continúan aumentando con el pasar de los días. Ingenieros de todo el mundo se reúnen para explicar y dar solución al problema; no obstante, sus esfuerzos son en vano….”

“…Caos mundial financiero. Miles de cuentas y ahorros se han perdido. Especulaciones hacen caer la banca en cientos de países. Marchas y quejas en todo el planeta. Fanáticos anuncian el Fin del Mundo. Hospitales incapaces de funcionar con normalidad. Servicios de comunicación y luz cortadas. Vuelos de los aviones han sido cancelados…”

“…Sistemas de defensa desactivados en todo el mundo han causado pánico en las potencias; asimismo, armamentos y misiles han dejado de funcionar…..Es el fin de la Era Tecnológica, solo queda buscar nuevas formar de desarrollo, afirman los expertos….”.

“…Esta mañana fuertes terremotos y tsunamis se han detectado en distintos países. Inundaciones ponen en peligro personas que habitan las costas. Extraños fenómenos climatológicos…”

“...Movimiento telúrico más fuerte jamás registrado ha causado que la placa tectónica de los continentes Americano y Asiático sufran quiebres…”

“….Gobiernos anuncian cierre de investigaciones sobre el NoGravitation y Tormentas-E. Ingenieros y científicos que protestaron ante esta regulación fueron arrestados. Sigue la confusión en las calles. El declive financiero continúa…”

Swann dejó las hojas sobre la mesa. Tuvo que sentarse antes que sus piernas perdieran fuerza para sostenerlo. Miro a sus costados una vez más. La habitación parecía más oscura y pequeña de lo usual. Su mente volaba y palpitaba con los subtítulos que acababa de leer. Había encontrado aquel “hueco”, “eslabón”, cuyo conocimiento estaba prohibido hoy en día por los nuevos gobiernos. Nadie podía o debía saber aquello que acababa de leer.

Miró el otro paquete. Aún estaba cerrado y pesaba más que el otro abierto. Sentía que no debía abrirlo pero algo le llamaba. ¿Destino o fatalidad? Quien sabe, pero desde ese día Swann ya no podría dormir tranquilo.



…El calendario marcaba 456 d. NG…