domingo, 17 de mayo de 2009

Escatologia de Swann (Libro 1:Parte II)

Aquella oscuridad que la noche nos trae es ajena, tanto para mí como para los habitantes de Oldgrass. Bajo su sombra, en el viejo camino de piedra que recorría la villa, un cartero llamado Bernard se había parado a descansar, exhausto después de un arduo día de trabajo.

Ese día había realizado varias entregas, más de lo habitual; la última fueron dos paquetes al joven Swann Riley que vivía en una de las casas más alejadas de la villa; por ello, el camino de regreso era largo y tedioso; sin embargo, eso no le molestaba a Bernard.
Acaba de retomar el paso cuando escuchó unos pasos detrás de él. Rápidamente volteó, pero no había nadie. “¡Quién anda ahí!”- gritó. No hubo respuesta. El mismo se sorprendió el haber preguntado tal cosa. No era que tuviese miedo, pero sentía como si algo estuviera mal…como si lo observaran… Trató de convencerse que solo era su imaginación. “No fue nada. Tal vez solo el viento.”, pero ni él mismo estaba seguro: la noche ocultaba demasiado con su negrura. Bernard continuó su camino. Esta vez más rápido. Algo iba tras de él…

Pasó más de una media hora, y aquellos pasos que golpeaban como metal el suelo perseguían a Bernard. No tuvo otra elección. Si lo seguían hasta su casa, podía poner el peligro a su familia. Armándose de valor, respiró y corrió en dirección al campo, alejándose del camino y de sus perseguidores “invisibles”.

Recorrió un buen tramo de distancia, lo suficiente como para haberlos perdido. Detrás de un arbusto se sentó a descansar. Su corazón palpitaba aceleradamente. Por primera vez, sintió un miedo terrible; tanto por él como su esposa y sus hijos. Se preguntaba si estarían bien o si se preocuparían por su retraso, cuando de pronto alguien lo golpeó por detrás en la cabeza. Cayó al suelo boca abajo. Intentó escaparse, pero estaba muy aturdido. Tres hombres lo sujetaron fuertemente.


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Swann, aún dudando, abrió el segundo paquete que recibió; en el interior había una carta y debajo de ella una porción de metal cúbica con “misteriosas” incrustaciones. Su atención se dirigió al pequeño sobre blanco. Tal vez ahí encontraría quién era el que le había tales cosas. Acertó.


Estimado Sr.Riley:

Han pasado varios años desde que nos conocimos por última vez en el Simposio de Ingenieros en Oldgrass. La razón por la que le envió esta carta es porque lo considero como el más apto para continuar con nuestros asuntos. Antes que nada, le explicaré lo que ha pasado.
Desde hace unos meses hemos estado investigando sobre la desaparición y muerte de uno de nuestros colegas en las Islas del Oriente. Al comienzo no teníamos ni idea de lo que podría haber ocurrido, pero ahora sabemos que era algo importante. Al parecer hace dos años, Edmond (ese era el nombre de nuestro compañero), fue testigo de un evento inusual en las islas del Oriente. No sabemos con exactitud qué fue; solo encontramos en un documento que él mismo escribió que las olas y las nubes parecían “juntarse” de alguna manera y formar algo brillante que atraía todo a su interior con una extraña fuerza. Sea cual fuese el caso, o cómo pudo haber escapado a semejante cosa, Edmond investigó casos relacionados como el que vio; incluso halló aquellos documentos que le estamos enviando. No sabemos con exactitud de dónde los encontró, pero lo más sorprendente fue un objeto metálico. Lo descubrimos tres días después de su desaparición. Al parecer ni él mismo sabía que era. Lamentablemente nosotros tampoco lo sabemos.

Fue entonces que comenzamos la investigación que le mencionamos. Días después fue hallado muerto y empezamos a recibir mensajes amenazadores. No tenemos ni idea de cómo lograron descubrirnos, pero es cuestión de tiempo antes que nos encuentren.

Lamento mucho haberlo puesto en esta situación, pero fue el único a quien podía acudir. Estoy seguro que con su destreza, podrá poner fin a todo esto y descubrir lo que le ocurrió a Edmond; después de todo, fue el mejor alumno que tuve.

Muy buena suerte,
Su amigo,
Ing. Ethan Wagner Mallard



Swann dobló la carta y la metió de vuelta al sobre. Sonrió. Muchos recuerdos volvieron a su mente de aquellos días en que conocía a Wagner. Habían pasado años desde que no había oído su nombre. Su sonrisa se apagó casi de inmediato. Swann volvió a dirigir su mirada al trozo de metal dentro del paquete. Esta vez estaba decidido a averiguar qué ocurrió.


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El cuerpo muerto de Bernard era arrastrado por el suelo. Los tres hombres que lo habían seguido vestían túnicas negras que cubrían sus rostros y los hacían casi invisibles en la oscuridad. Tras avanzar unos metros del lugar del crimen, arrojaron sin piedad el cuerpo. La insignia de plata que Bernard llevaba estaba cubierta de sangre. Uno de los hombres llevó su muñeca a la altura de su boca. Con una voz lóbrega, profunda y metálica habló: “Hemos encontrado al sujeto, pero al parecer ya hizo la entrega. Tenemos la lista de los envíos que ha realizado el cartero este día. Iniciaremos de inmediato la búsqueda del “catalizador”, y nos encargaremos de quien lo tenga.”

Los hombres volvieron al camino de piedra que cruzaba Oldgrass y siguieron su ruta, mientras las nubes daban señas de que se avecinaba una tormenta.